Renovación urbana del centro urbano de Woodstock, estado de Georgía, Estados Unidos. Fuente: TSW desing.

Por Claudia Alexis Román Villa

Guadalajara, México. 29 de julio del 2020.

La fragmentación urbana ha estado ligada desde las ciudades antiguas, modernas y hasta las coloniales.

Actualmente se reconoce que la fragmentación es un proceso de desigualdad social, que se puede o no delimitar con barreras materiales; es un fenómeno que ha ido de la mano con los cambios globales, a la metropolización, es una discontinuidad urbana y un proceso de urbanización.

La situación de la pandemia en el estado de Jalisco se ha tratado de contener invitando a la población a “quedarse en casa” y salir únicamente a lo más esencial (compra de insumos, comida, medicamentos), pero… ¿que pasa cuando no se cuenta con una vivienda digna?

En Jalisco, según datos del IIEG, hay un rezago habitacional; debido a los materiales utilizados en la construcción de  estas y también por las personas que viven en estos hogares con hacinamiento; la CONEVAL en la medición multidimensional de la pobreza considera como hacinamiento a las viviendas donde se habitan 2.5 personas o más por cuarto construido.

Las construcciones por las cuales se han apostado en la ZMG es la vivienda vertical, los fraccionamientos, entre ellos construyen casas dúplex y cotos, que son signo de modernismo, en el ramo de inmobiliario se trata de hacer más casas, en menos espacio, con menos inversión y con mayor ganancia.

Por ejemplo una casa dúplex tiene una construcción de 49 m2 en planta alta  y 46 m2 en planta baja y cuenta con: 2 recamaras, sala, comedor, baño, cocina, patio de lavado y aparte la cochera para 1 auto. En una casa de 2 pisos de 67 m2 de terreno, se tiene una construcción de 68.4 m2 de construcción, con los misma distribución que se menciona anteriormente.

A lo que se refiere la fragmentación urbana es por los cotos o condominios que en la actualidad se satanizan, como si fuera “pecado” vivir dentro de ellos, sin embargo, está mal llamada enfermedad nos ha demostrado un punto a favor de estas construcciones.

En la mayoría de ellos habitan familias en las cuales el jefe de familia sale constantemente de viaje, trabaja desde muy temprano o pasa temporadas largas fuera de casa esto por la misma carga de trabajo, dejando al frente  a la ama de casa al cuidado de los hijos y de su hogar.

Ejemplo de barrio cerrado o coto. Fuente: La Nación.

Con la adquisición de un hogar dentro de un coto, se da la confianza de una mayor seguridad, esto por sus calles tranquilizadas, por la interacción social y el espacio verde que puede presentarse con la compra de la vivienda. Se da incluso comercios vecinales en los que dependiendo de los dueños, pueden extenderse o no, mas allá de los límites del coto o condominio.

Con esta situación de la pandemia por COVID-19,lo cual se reitera a la población constantemente no salir de sus hogares, es donde el coto ha servido para poder rescatar un poco a las personas más vulnerables ante esta enfermedad (niños y adultos mayores) , las cuales nos están acostumbradas al “encierro”.

Ya que también la comunicación entre los vecinos juega un papel importante al notificar la presencia de cualquier situación o enfermedad que afecte a los demás condóminos. Y no todo es miel sobre hojuelas, hay roces entre los vecinos, pero el hecho de que los niños y adultos mayores salgan a las calles, y sepan que están conviviendo con personas sanas y conocidas es y será vital para el desarrollo y su capacidad de convivir.

Por esta situación de salud el encierro ha sido un factor clave para poder frenar la enfermedad, con esto se ha visto el alza los casos de violencia intrafamiliar y feminicidios en el estado, y se han tratado de implementar líneas de ayuda para el estrés y la depresión; como sociedad se necesita la interacción, la convivencia entre las personas. De un día para otro la rutina cambio y desafortunadamente muchos de nosotros no estábamos acostumbrados a permanecer en nuestros hogares, sin visitar familia, a no acudir a centros de esparcimientos y al cierre de las áreas verdes, es por esto que considero que los cotos rescataron un poco de la vida cotidiana.

Contrario a las generaciones de los abuelos, los jóvenes de hoy en día no saben convivir consigo mismos u otros, aunado a todo lo anterior; el estrés por la pérdida del empleo, la falta de dinero, la falta de costumbre a convivencia de otros individuos, puede tener consecuencias a corto o largo plazo; ya que no todos tienen la capacidad de asimilar la situación actual, ocasionando efectos graves en la sociedad.